Lugares

Areguá y el lago Ypacaraí, la cerámica y el agua

A cuarenta minutos de Asunción, un pueblo de calles empedradas vive de la arcilla, de la frutilla y de un lago que todos conocen por una canción.

La manera más rápida de entender que Asunción no es el Paraguay es tomar la ruta hacia el este y detenerse cuarenta minutos después. Areguá empieza con una subida empedrada y, a los dos lados, filas de macetas de barro apoyadas directamente en la vereda.

Un pueblo de arcilla

La cerámica en Areguá no es un negocio: es una cadena visible. A lo largo de la calle principal se ven los talleres con el torno al fondo, el horno en el patio, las piezas crudas secándose a la sombra y las terminadas exhibidas afuera. Macetas grandes de jardín, figuras, platos, recipientes pintados a mano y — en los meses previos a la Navidad — cantidades industriales de figuras para el pesebre.

Los talleres suelen ser familiares y trabajan por pedido además de la venta al público. Quien busca producción local en series pequeñas, o piezas sobre diseño, encuentra aquí interlocutores reales: es uno de los casos en los que el Paraguay artesanal y el Paraguay comercial se tocan directamente.

La parte alta

Arriba de la calle de los ceramistas está el centro histórico, y vale los diez minutos de subida. Casas coloniales bajas de colores desvaídos, patios con árboles enormes, una iglesia en posición dominante y, desde la plaza, una vista que baja hacia el lago.

Areguá fue durante décadas lugar de veraneo para las familias de Asunción y conserva cierto número de residencias de comienzos del siglo XX en distintos estados de conservación. En los últimos años una parte de ese patrimonio se recuperó como espacio cultural: galerías, talleres, pequeños museos privados, cafés.

El lago

El lago Ypacaraí es famoso mucho más allá del Paraguay gracias a la guarania Recuerdos de Ypacaraí, una de las canciones más interpretadas del repertorio latinoamericano. La realidad del lago es más compleja que la canción.

Es un espejo de agua poco profundo, sensible a la contaminación de su cuenca y a la proliferación de algas. Su calidad es objeto de monitoreo público y de intervenciones que se sucedieron a lo largo de los años con resultados variables. Es materia de discusión seria en el país, y quien visita haría bien en informarse sobre el estado actual antes de programar actividades en el agua.

Eso no le quita nada a la orilla. Al atardecer, desde el muelle de Areguá, la luz sobre el agua y sobre los cerros detrás de San Bernardino explica perfectamente por qué alguien escribió esa canción.

Cómo organizar el día

Se llega en auto en poco más de media hora desde Asunción. Mañana entre los talleres, almuerzo en la parte alta, tarde en el lago. En temporada de cosecha se agrega la fiesta de la frutilla, que es el momento en el que el pueblo tiene más gente y más sentido.

Y vale la regla general del Paraguay fuera de la capital: se lleva efectivo. Muchos talleres no tienen posnet.

Fuentes y referencias

  1. Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible
  2. Senatur — Secretaría Nacional de Turismo