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San Juan Ára, la fiesta en la que Paraguay juega con fuego

Cada junio, en los patios de las escuelas y en las plazas de barrio, se arma una serie de juegos tradicionales que no se parecen a nada europeo.

Si en Europa la noche de San Juan es una hoguera y alguna superstición residual, en Paraguay es un programa. El San Juan Ára es una fiesta organizada, con puestos, parlantes, una lista de juegos y la participación de medio barrio.

El contexto: es invierno

Lo primero que hay que recordar: el 24 de junio, en el hemisferio sur, es invierno. Las noches son frescas, a veces frías, y eso explica por qué la fiesta gira alrededor del fuego y de la comida caliente. No es una fiesta de verano corrida de estación: tiene una lógica climática propia.

Los juegos

La estructura es siempre un conjunto de pruebas, algunas inocuas, otras claramente imposibles de reglamentar.

  • Yvyra sÿi — un palo alto, engrasado con jabón o grasa animal, con un premio en la punta. Se sube en equipo o solo, y casi nadie llega en el primer intento.
  • Carrera vosa — carrera de bolsas, la versión paraguaya de un juego que existe en medio mundo.
  • Cambuchi jejoka — cántaro de barro colgado, ojos vendados, palo en la mano.
  • Toro candil — una estructura con forma de toro, cargada por una persona, con antorchas en los cuernos, que «embiste» al público. Es el momento en que la fiesta se vuelve algo que ninguna aseguradora europea autorizaría.
  • Pelota tata — una pelota empapada y encendida, pateada con los pies descalzos. Exactamente lo que parece.

Cabe una aclaración, porque importa: las pruebas con fuego las manejan adultos con experiencia, en espacios delimitados, y no son un entretenimiento para chicos. La percepción del riesgo, aquí, es distinta — pero no es inexistente.

La comida

La mitad de la razón por la que la gente va. Los puestos venden chipa, mbejú (una torta de almidón y queso cocida en sartén), pastel mandi'o (empanada de mandioca rellena de carne), sopa paraguaya — que a pesar del nombre es un budín de maíz, no una sopa — y vino caliente.

Lo que recaudan los puestos suele financiar a la escuela o a la parroquia que organiza. Es una colecta comunitaria disfrazada de fiesta, y funciona muy bien.

Cómo participar

Las fiestas son públicas y numerosas: en los días alrededor del 24 de junio se encuentran decenas en cada ciudad. No hace falta invitación, hace falta llegar temprano, llevar efectivo en billetes chicos y aceptar ser el único extranjero presente.

Es probablemente la manera más directa de entender un aspecto central de la vida paraguaya: la capacidad de organizar colectivamente algo complejo, en pocas semanas, sin presupuesto y sin jerarquías formales, simplemente porque se hace todos los años.

Fuentes y referencias

  1. Secretaría Nacional de Cultura del Paraguay
  2. UNESCO — Patrimonio cultural inmaterial