Naturaleza

El Chaco, el vacío que no está vacío

Más allá del río Paraguay empieza un territorio que ocupa más de la mitad del país y alberga una fracción mínima de su población.

Quien mira un mapa del Paraguay por primera vez nota una asimetría. Al este del río Paraguay, donde están Asunción, Encarnación, Ciudad del Este, el territorio está denso de nombres. Al oeste hay una mancha enorme, casi blanca, atravesada por una sola línea recta.

Esa línea es la Ruta 9. La mancha es el Chaco.

Un territorio, no un paisaje

El Chaco no es un desierto, aunque en agosto lo parezca. Es un bosque seco espinoso, formado por árboles bajos, cactus columnares, palmas y un sotobosque impenetrable, que cambia por completo de carácter con las lluvias. En la parte más occidental el suelo es salino y la vegetación se ralea; hacia el norte, sobre la frontera con Bolivia, hay áreas de matorral bajo entre las más inhóspitas del continente.

La cantidad de vida que contiene no se ve en una tarde. Es un territorio de grandes mamíferos — tatú carreta, oso hormiguero, pecaríes, felinos — y de una avifauna excepcional, y precisamente su dificultad de acceso conservó porciones muy amplias.

Quién vive allí

Tres presencias se superponen en el mismo espacio.

Las comunidades indígenas, que habitan el Chaco desde antes de cualquier frontera: grupos con lenguas e historias distintas, algunos de los cuales mantienen una relación estrecha con el bosque y con su estacionalidad.

Las colonias menonitas, instaladas a partir de las décadas de 1920 y 1930, que construyeron en medio del bosque seco un sistema agrícola y cooperativo que funciona: Filadelfia, Loma Plata y Neuland son centros ordenados, con usinas lácteas, silos e industrias de transformación, y representan una parte significativa de la producción láctea del país.

Y la ganadería extensiva, que en las últimas décadas empujó hacia el oeste y convirtió al Chaco en uno de los frentes principales del debate paraguayo sobre el uso de la tierra.

Atravesarlo

La Transchaco es recta, bien mantenida en el primer tramo y más exigente después. Las distancias entre estaciones de servicio se miden en cientos de kilómetros y la cobertura telefónica no es continua. Se sale con tanque lleno, agua abundante y una idea precisa de dónde se va a dormir.

La compensación es una calidad de la luz y del silencio que no se encuentra en ninguna otra parte del país. Al amanecer, con la temperatura todavía aceptable, la ruta de adelante desaparece en un punto y el bosque a los dos lados está lleno de sonidos.

Por qué vale la pena

Porque el Chaco explica al Paraguay por contraste. Un país que se cuenta a través del verde, del agua y de la densidad de los vínculos tiene, en la mitad de su superficie, exactamente lo opuesto: distancia, sequedad, esfuerzo.

Entender esa mitad cambia la manera de mirar la otra.

Fuentes y referencias

  1. Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible
  2. Senatur — Secretaría Nacional de Turismo